Unprecedented times

Dear Fenton Family,

“Unprecedented:  never done or known before”.  I seem to be using this word often, so much so, it has become commonplace and trivial, and should not be. Who would have thought we would find ourselves in a time that has never been known before.  The coronavirus COVID-19 pandemic, and now the civil unrest that continues to roil the nation has shaken our lives and our communities. 

This is the third time in my life I have witnessed civil unrest:  I was fourteen when the Watts Riots erupted.  I was staying at my aunt and uncle’s home in the Crenshaw area during that summer (what is now Leimert Park).  When the riots started, the National Guard quickly came to my aunt and uncle’s block on Welland Avenue and the jeeps patrolled the street all day and all night.  The reason for added security:  Mayor Bradley’s home was across the street.  He and his wife no longer lived there, but it was their home and their daughter lived there.  As a teenager, I had no idea how serious the unrest was, but I do remember it vividly, just as I remember that I was sitting in my Algebra II class at Madison Junior High School in North Hollywood when the principal announced that President Kennedy had been assassinated.  I cried.  We all cried.  When I got home, my parents and grandparents were crying.  My grandparents were immigrants from Japan; they never learned to speak English and were not citizens.  But, they loved the President and this country, and could not believe what had happened. That was the first and only time I saw my grandfather cry.  Unfortunately, the country has experienced more unspeakable tragedy over the course of the last forty years, and I am happy my grandfather did not see it.

In 1991, I was assigned to Fenton Avenue Elementary.  In 1992, the Los Angeles Riots erupted after the acquittal of the police officers on trial for the beating of Rodney King.  This incident was of particular relevance to me and to Fenton, as the incident occurred where the Discovery Cube is now located.  Although far from the violence and mayhem, Fenton Avenue was deeply affected, and we closed the school immediately the day the violence erupted.  Joe Lucente, the principal, current Board Chair of the Fenton Charter Public Schools, and co-founder of the Fenton schools, emphasized to me that day that no matter how terrified I was, I needed to care for our students, staff and facility – in that order – before I could consider leaving.  After ensuring that everyone had left safely, Joe followed me to the freeway.  I drove straight home, as he directed me, and sat for days watching the violence on television.  What Joe taught me from that experience was that I needed to be the first on site and the last to leave.  Fenton was more than a place of work.  It was the second home of our students and staff and I needed to do everything in my power to make it the best place it could be.   I have never forgotten that lesson, and twenty- eight years later, I continue to follow what Joe taught me.  I believe we were able to turnaround a failing school in 1993 when we converted to charter because of Joe’s words, which I have never forgotten. 

As we face such uncertain times, I pledge to all of you that I will continue, and Joe will continue, to honor our commitment to Fenton.  Joe and I have enjoyed long careers as educators, and Fenton will always remain the highlight of what we have accomplished.  As we move out of the pandemic and beyond the civil unrest, please know that we will do everything in our power and our ability to ensure your children’s safety and well being.  More than anything, we want for your children what we wanted for our own children – an excellent education. 

Sincerely,

Irene Sumida

 

 

Querida familia Fenton:

 

“Sin precedentes: nunca antes hecho o conocido”.  Parece que estoy usando esta palabra con frecuencia, tanto es así que se ha convertido en algo común y trivial, no debería serlo. ¿ Quien hubiera pensado que nos encontraríamos en un tiempo nunca antes conocido?  La pandemia del coronavirus COVID-19, y ahora los disturbios civiles que continúan afectando a la nación han sacudido nuestras vidas y nuestras comunidades.

Esta es la tercera vez en mi vida que he sido testigo de disturbios civiles: tenia catorce años cuando estallaron los disturbios de Watts.  Me quedaba en la casa de mi tío y tía en el área de Crenshaw durante ese verano (lo que ahora es Leimert Park).  Cuando comenzaron los disturbios de Watts, la Guardia Nacional llego rápidamente a la cuadra de mi tío y tía en Avenida Welland y los jeeps patrullaron la calle todo el día y noche.  La razón de tener mas seguridad: la casa del alcalde Bradley estaba al otro lado de la calle.  Él y su esposa ya no vivían allí, pero era su hogar y su hija vivía allí.  Cuando era adolescente, no tenia idea de cuan grave era la situación, pero lo recuerdo vívidamente, al igual que recuerdo que estaba sentado en mi clase de Algebra II en Madison Junior High School en North Hollywood cuando el director anuncio que el presidente Kennedy había sido asesinado. Yo llore.  Todos lloramos.  Cuando llegue a casa, mis padres y abuelos estaban llorando.  Mis abuelos eran inmigrantes de Japón; nunca aprendieron a hablar inglés y no eran ciudadanos. Ellos amaban al Presidente y a este país y no podían creer lo que había sucedido.  Esa fue la primera y única vez que vi llorar a mi abuelo.  Desafortunadamente, el país ha experimentado una tragedia mas indescriptible en el transcurso de los últimos cuarenta años, y estoy feliz de que mi abuelo no lo haya visto.

En 1991, me asignaron a la escuela Fenton Avenue.  En 1992, los disturbios de Los Ángeles estallaron después de la absolución de los oficiales de policía en juicio por la golpiza a Rodney King.  Este incidente fue de particular relevancia para mí y para Fenton, porque ocurrió donde ahora se encuentra el Discovery Cube.  Aunque lejos de la violencia y el caos, Fenton Avenue se vio profundamente afectada, y cerramos la escuela inmediatamente el día que estalló la violencia.  Joe Lucente, el director, actual presidente de la Junta de las Escuelas Públicas Chárter de Fenton y cofundador de las escuelas de Fenton, me enfatizó ese día que no importa cuán aterrorizado estaba, necesitaba cuidar a nuestros estudiantes, personal e instalaciones – en ese orden- antes de que pudiera considerar irme.  Después de asegurarse de que todos se hubieran ido a salvo, Joe me siguió hasta la autopista.  Conduje directamente a casa, como él dirigió, y me senté durante días viendo la violencia en la televisión.   Lo que Joe me enseño de esa experiencia fue que necesitaba ser el primero en el sitio y el último en irse.  Fenton era mas que un lugar de trabajo.  Era el segundo hogar de nuestros estudiantes y personal y necesitaba hacer todo lo que estuviera a mi alcance para que fuera el mejor lugar posible.  Nunca olvidé esa lección, y veintiocho años después, sigo siguiendo lo que Joe me enseñó.  Creo que pudimos restructurar una escuela que no funcionaba en 1993 cuando nos convertimos en chárter debido a las palabras de Joe, que nunca he olvidado.

A medida que nos enfrentamos a tiempos tan inciertos, les prometo a todos que continuaré, y Joe continuará, honrando nuestro compromiso con Fenton.  Joe y yo hemos disfrutado de largas carreras como educadores, y Fenton siempre seguirá siendo lo más destacado de lo que hemos logrado.  A medida que salimos de la pandemia y mas allá de los disturbios civiles, sepa que haremos todo lo que este a nuestro alcance y nuestro capacidad para garantizar la seguridad y el bienestar de sus hijos.  Más que nada, queremos para sus hijo lo que queríamos para nuestros propios hijos: una educación excelente.

Sinceramente, 

Irene Sumida